martes, 22 de julio de 2014

"Jade hacía ese mismo recorrido diariamente. Salía de su casa apurada como todos los días, iba hacia al paradero para tomar la misma micro y así llegar a su trabajo a las 8:35 cada día. La mayor parte de las veces el horario no variaba y con una que otra disculpa por esos 5 minutos que a veces se notaban comenzaba su trabajo que a pesar de ser su sustento era lo que más odiaba. Era alguien reservada y la mayoría de las veces disfrutaba de su soledad, de su privacidad y de sus momentos en su pequeño pero cómodo departamento donde podía escuchar música y sentarse frente al balcón mirando el cielo y la ciudad por horas y horas incluso llegando a desvelarse. Esto era sin duda la causa de su atraso de cada día, pero estaba dispuesta a correr por las mañanas mientras pudiera disfrutar de esos detalles tan importante para ella. Cuando se sentaba en las noches dejaba que su mente vagara por el mundo, que sus ojos contemplaran la ciudad, que su nariz olfateara el aroma de su hogar y que lo comparara con el del exterior, que sus oídos se confundieran entre la música y el tráfico que la rodeaba, y que sus manos descansaran luego de tipear todo el día contratos y liquidaciones. Sin embargo había uno de sus sentidos que permanecía igual la mayor parte del tiempo... su boca... ésta apenas se movía, apenas conversaba ya que en el trabajo no era necesario hablar más que para dar las disculpas correspondientes cada mañana y luego para decir algo puntual cada día. La vida se había transformado en un constante callar, en una constante de sólo 4 sentidos donde el habla era absorvido por el resto del mundo. ¿Qué la había llevado a eso? ¿Por qué, siendo que para algunos era tan importante hablar, para ella era algo sin importancia?; muchas veces mientras estaba sentada cada noche en su departamento se lo había preguntado, se había cuestionado si tenía algún problema en especial, si se quedaría muda alguna vez, pero la respuesta que siempre terminaba por darse era que no tenia nada importante que decir al mundo, no tenía por qué esforzarse por decir lo que pensaba o sentía porque simplemente era algo irrelevante para el mundo. Desde niña había sido tratada así, quizá no directamente pero, al fin y al cabo, cada acción que se realizaba en su hogar le demostraba que era mejor mirar, asentir y callar; así se evitaría problemas y el resto (que si lo necesitaba) se desahogaría con ella, ya que como siempre le decían, ella era buena escuchando..."

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